martes, 6 de septiembre de 2011

Del mall, la venta de vanidades y el cobro del abandono.

Del mall, la venta de vanidades y el cobro del abandono.

Y entenderán que el pronunciar la palabra mall o "centro comercial", puede ser un acto casi profano. Porque ahí, con todas las cosas que puede evocar esa palabra, o cualquier puerta a ese mundo de ilusiones ópticas importadas, habemos muchos que pensamos en demonios. Y es que pensar en un emporio criollo disfrazado de centro comercial norteamericano es una puerta a esas suturas y contradicciones tan recurrentes, e ignoradas a la vez, de nuestra latinoamérica contemporánea. 
Habrán algunos mirando ese coliseo romano desde la "puerta de salida". Son aquellos que ya se bañaron de sus placeres, aquellos que ya conocen la lógica de esa licuadora. Entraron con tarjeta de crédito, salieron con informes comerciales. Entraron a trabajar con la bandera del sueño norteamericano, salieron con úlceras. Entraron con almuerzos en el patio los domingos, salieron con glucamato monosódico hasta por las orejas. Entraron con la pichanguita dominical de padre e hijo en el parque y salieron con la camiseta de Alexis Sánchez en cómodas cuotas. Cuando ingresaron no pensaron que las luces eran solo eso, luces. No se percataron de que ellos no sabían interpretar los colores, ni tampoco de que el payasito Ronald Mc Donald si sabía que colocando el amarillo con el rojo adecuadamente la ansiedad sería un resultado inevitable, y por ende llegarían a comprar, comer y pagar, en cómodas cuotas muchas veces, con la velocidad de una jauría de machos tras una perra en celo. ¿Les parece coincidencia el nombre de "comida rápida"? ¿Les parece coincidencia que el rojo, verde y amarillo estén en las primeras líneas del metro y en el semáforo? Como diría Carl Jung y también Pablo apóstol, hay que ser cuidadoso de aquello que ingresa por nuestros ojos.
Claro, para todos aquellos que conocieron al diablo porque le dieron la mano, decir ¿vamos al mall? una tarde de Domingo sería como sacarles la madre o encararles un pasado vergonzoso. Son aquellos para los cuales el centro comercial fue una infidelidad, fue un engañar a sus esposas firmando un crédito de consumo mientras se encandilaban con las tetas de una promotora sutilmente escotada. Esa misma infidelidad que los distintos proxenetas de la muerte amerindia conocen desde que se llevaron a Colón arrestado. Es que ellos saben que la vanidad tenía que ser creada, promovida, vendida y cobrada.
 Entonces en el siglo XVI se asentaron como señores muchos que en el viejo mundo habían sido siervos, luego crearon la necesidad de evangelizar con una cruz que era símbolo y espada a la vez, para poder cobrar la mano de obra del indígena. Sabían esos proxenetas que tarde o temprano el indígena querría sus casonas grandes, sus tierras, sus caballos. Y muchos amerindios no pensaron que el manjar del blanco sería siempre manjar del blanco, y aunque lo probaran, vendieran su alma por él, seguiría siendo del blanco. Porque muchas veces las cosas no son del que las tiene, sino del que las diseña y las vende. Y está también la lógica del te gusta o te gusta, lo necesitas o te mueres. ¿O le seguimos creyendo a aquellos que plantean que una de los mayores genocidios de la historia humana fue una "inadaptación" del indio al progreso? ¿Le seguimos creyendo a ciertos historiadores que dicen que la mayoría de los indios se murieron por enfermedades, alimentos, alergias a la vestimenta o cualquier otra cosa que no sea el morir de cansancio, de hambre, de angustia, de pena? Claro, los proxenetas de los demonios con corona tampoco lo supieron.
Vanidad de vanidades, la lógica de enseñar la necesidad, para vendértela y luego cobrarte hasta el alma. En el siglo XVII fue "integrarse a la economía mundo", enviando al viejo continente lo que realmente se necesitaba para sustentar una cultura, una economía, una sociedad. En las flotas y galones se iba el oro, lo vendían disfrutaban de la tierra y la mano de obra de los verdaderos dueños. En esas mismas flotas y galeones llegaban armas, lujos innecesarios, toda esa necesidad de tener al nuevo europeo nacido en américa, que ya no era europeo por el solo hecho de haber nacido en América, en esa tierra cuyos suelos y riquezas eran tan inmensas que los proxenetas tuvieron que crear la idea de pobreza, fomentarla y aplicarla. Desde un principio supieron que esa idea pasaba por expropiar la tierra. Y así el alarife de Gamboa cuando trazó la primera ciudad chilena, repartió las tierras en el mismo momento que Pedro de Valdivia fundaba a Santiago.
Y siempre cobraba, ese demonio de la deuda nunca perdona. Porque cobrar siempre fue más importante que la deuda. En el siglo XVI se cobró la oficialidad del amerindio, en el XVII su tierra. 
En el dieciocho el mundo quería cantar la libertad, el burgués comenzó a dar estocadas a los reyes. Y así los reyes se hicieron burgueses con corona, o los burgueses se disfrazaron de reyes. Pero en la nueva América el criollo tenía que independizarse, necesitaba ser dueño de un nombre mayor, de un país. Y ocurrió algo noble, las tierras americanas se emanciparon de los dueños europeos. Y muchas cosas fueron heroicas, fueron en conjunto. Pero en ciertos campos muchos siervos del terrateniente predijeron lo que pasaría, por eso en el sur había chilenos apoyando las tropas realistas, tenían miedo de lo que se vendría. Porque el proxeneta perdió la tierra, pero jamas perdería el control. Y los demonios volvieron a dibujar una imagen, ahora llegaron desde Inglaterra y en sus vestiduras no iba la espada, ni siquiera la cruz, iban los prestamos. 
Y como nunca pasa pero siempre es, el diablo ilumino a demonios y proxenetas con una nueva vanidad, una nueva puerta de entrada. Le llamó progreso, ciudad, conocimiento ilustrado. Y por supuesto se cobró, se llevo el salitre, siguió llevándose el oro, el cobre, el tabaco, el cacao, el café. Además había tenido contentos a los criollos más ricos con el funesto bazar que vende e prestigio social, la mayor de las vanidades, y se cobra la libertad. Los conquistadores querían ser adelantados, los colonos añoraban ser oidores o virreyes, luego los presidentes querían ser funcionarios imperiales.
El demonio de la deuda siempre ha cobrado. Tiene puertas coloridas, como los santos del mexicano con más colores que su panteón azteca. Porqué enseñar a Dios era demasiado profundo, mejor era identificar al dios de indígena con un santo del blanco. Presentar lo que es como lo que parece. Aparentarse con más colores, con más vanidades.
 Si bien, no todos entienden al mall como un icono más de la vanidad que genera deuda, como otro edificio y centro de operaciones de vender al americano la necesidad, o al menos la sensación de que necesitar lo que no necesita. Si bien no todos conocen la misma parte del demonio, algunos por la historia, otros porque trabajaron muchos años ahí y salieron con una vejez embargada de salud y embargada de una pensión decente, otros porque deben hasta el pescuezo, otros porque terminan dejando a sus novias amantes de los centros comerciales por una chica que saber armar una carpa o encender una fogata. Si bien todo lo anterior es una mirada, que necesita ser más profunda, es claro que podemos afirmar: somos muchos los que al oír la palabra mall pensamos en un traficante de sueños, una droga de ilusiones, una adicción que abandona. Porque en algo estamos claros, los amos de los centros comerciales no van a los centros comerciales. Saben que en el final del camino hay abandono, abandono a la familia, individuos que prefieren contraer una deuda de seis meses para saciar su neofilia (otra vanidad creada) con el último modelo celulara revisarse los dientes. Individuos que le dan un diezmo a los amos de la vanidad vendida, que prefieren gastar  en cosas que no necesitan antes de llevarle una torta a su madre un día Domingo. Porque al final el abandono mata. Mató al indio, mata la creatividad, mata a la familia, mata al amor, mata al valor, mata al tiempo y por sobre todo, mata a la memoria.

Agustín II López
Del nuevo orden y su cena con los demonios.
Santiago 2011,Agosto, Copyright Derechos de autor reservados conforme a la ley 17.336 de Propiedad intelectual.

2 comentarios:

  1. buenisimo Agustin, un brazo amigo y bendiciones, y aps, te vi en mall, ajjeje

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  2. Jajajajaa. Gracias Darwin, amigazo y parte de la "Sociedad de padres chochos"...

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