martes, 6 de septiembre de 2011

Modelo para desarmar las sesiones.

Modelo para desarmar las sesiones

Quizás lo que no logré decirles en un cierre de sesiones (clases-estudios-pasantías-investigaturas-revisión del olimpo en formato de choclo- análisis del todo en medio de la torre de Babel- Sesiones- Aula- Gentilicio de los postprofetas- Pintura del conocimiento sobre un oleo de elefante azul...) 



Los discursos les quedan bien a los proxenetas del populismo, como réplicas impersonales de una amalgama de palabras que buscan la aceptación de una masa con características ganaderas, son palabras dirigidas a la mismísima necrópolis de la crítica. Los discursos les quedan mejor a los asesinos de la conciencia y la reflexión. Es por eso que sólo escribo, simplemente evoco reflexiones y las exteriorizo.
 De vez en cuando he ingresado a la sala mientras la sinfónica misma de una clase, o sea ustedes, los alumnos, está ausente. En medio de sillas inhóspitas experimento múltiples sensaciones que trato de convertir en reflexiones, en bosquejos descoloridos tras la intrínseca nada. A veces las divagaciones parten de una simple inquietud al silencio, porque aun cuando miles de educadores velaron durante siglos por mantener la verdad lejos del aprendiz, como si la educación se tratara de la reproducción de autoridades escondidas en la certeza, olvidando lo que cientos de culturas entendieron como maestros, la verdad se desnudó y supimos que era la verosimilitud, y entonces se pudo discutir. 
Si, a veces extraño el bullicio, la risa espontánea de la reunión, relevante como el glucamato monosódico en un local de comida rápida, pues la risa es una arteria más en el complejo proceso de aprender. Quizás es en ese punto de mi extrañeza que comprendo cuan importante es la crítica, la risa, la emoción, la cercanía. Otras veces la divagación se enciende gracias a la bujía de aquello que nos parece sublime. Quizás un cuestionamiento respecto de los roles, la experimentación, la convencionalidad y el nirvana de los maestros, aquel que algunos compran en un minimarket onírico, cuando el insomnio los transporta al pensamiento indeseable, cuando Morfeo se quedó bebiendo con las musas y desde nuestras camas se percibe el aliento a cubas libres o sours de todo, suficientes como para embriagar al cansancio. Bueno es desde ahí donde parte este escrito, porque los discursos son para proxenetas de la forma. Pero ya sea en una sala vacía, o atesada de risas, sea en medio de un sueño o la agitada investigación de una temática, lo real es que el aprendiz a veces no existe, menos el maestro. Porque el objetivo de las clases, que en realidad deberían llamarse sesiones, no consiste en enseñar el contenido, más bien se trata de exposición de una forma de ver al recién mencionado y, por sobre todo, de la búsqueda de la forma de aquello que llamo “el prospecto investigador”. Porque la sala es sala, el contenido no pasa más allá de un conjunto de previas investigaciones, el profesor es un expositor, el maestro alguien que jamás admite serlo, el aprendiz un buscador, todas cosas hipócritamente ordenadas en una mesa como canapés y entremeses, resultado de la inmortalización del cocktail a beneficio de la causa genocida de pensadores. Nada es sin la intención, sin la sed de investigación envuelta por el hierro de la reflexión. ¿De que nos serviría estudiar mil veces la revolución francesa memorizando todas sus etapas si no llegamos a la instancia de la investigación? ¿De que sirve recopilar y repetir contenidos sin buscar una interpretación, sin definir cual es el color del cuadro que deseamos mejorar o redefinir? ¿Qué seria de la sala sin un comentario nuevo, sin la interpretación novedosa?
 Los discursos son para los proxenetas de la atrofia crítica.
 Entonces claramente sé que decirles, en vez de desearles lo mejor, un chocolatito navideño o un apretón de manos prometiendo que la vida será dócil y buena con ustedes, me inclino por invitarlos a reflexionar y experimentar. Revuelvan su espíritu y documéntense de las cosas que les digan, no crean en nada hasta que tengan la convicción, la prueba. Como el ateo que se nutre de la ciencia para negar la existencia de dios, como el creyente que experimenta un encuentro cercano con Dios, que vive la fe. Como ellos, como la radiografía de un medico o la ley para un abogado. Documéntense y reflexionen ante las cosas. Cuando les toque demostrar lo que su investigación arrojó, aun cuando se trate de un nuevo menú dominguero, busquen un modo de exponerlo con su toque personal, con su improvisación, con su arte. Esto acompañado de la máxima “darle vuelta al segundo porque la hora se cuida sola” no resultarán una receta, pero al menos los mantendrán equivocándose.
 Deseo firmemente que se equivoquen mil veces, que yerren todos los días pues esto significara que están intentando y que el palo al gato en algún momento se deberá a sus experiencias, no al azar.
 En lo personal me queda también agradecerles por el honor que significó experimentar nuestras sesiones, el ambiente que nació en medio de la búsqueda de un aprendizaje mutuo. Agradezco esos instantes en donde en medio de análisis, de preguntas y respuestas, de acotaciones y conversaciones rellenas de investigación partíamos desde el primer piso y en menos de diez minutos estábamos en el último del rascacielos más alto, quizás muy cerca de los astros. Créanme que esto fue más que un trabajo para mi, fue pasión, fue enamorar a la musa social y acariciarla miles de veces en un parque de caminatas mentalmente posibles. Ni perdón ni olvido, ni perdón a nosotros si algún día nos convertimos en plantas reproducibles, en espíritus amantes de un noticiario memorístico y manipulable; ni olvido a ustedes que una vez más me recordaron que la vida no pasa sin ser, que el 110% de esfuerzo no es un mito. Jamás un olvido a ustedes que me enseñaron más de lo que yo pude obsequiarles, pero ganaron por numero jovenzuelos y jovenzuelas. Era una visión frente a todos ustedes, quizás una fusión en donde ustedes eran maestros y alumnos, en donde éramos simplemente un incidente. Sólo me queda decirles que en donde sea que nos encontremos, donde nos arroje esta fiesta que es la respiración, el andar, la vida misma, donde sea estarán frente a un camarada, un aliado social. Desearía decirles que los llegue a querer pero no se me olvida que los discursos son para los proxenetas del sensacionalismo. Buenas noches totales. 


Agustín II López.
Discurso para el cierre del año académico en Preutech 2009.

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