miércoles, 7 de septiembre de 2011

Fotografía de la vejez. Parte I.

Doña Carlota,
                         ¿Cómo diantres olvidó su propio cumpleaños?
                          ¿Cómo pudo?

Atentamente,
Don Carloto.

Agustín II López
Fotografías invisibles
Santiago, Copyright. Derechos reservados conforme a la ley 19.336 de propiedad intelectual.

martes, 6 de septiembre de 2011

Fotografía de los conceptos impropios.


Fotografía de los conceptos impropios.

Tu pobreza conceptual se alimenta de las programaciones mediáticas. Tu excedente significa gasto, para los programadores equivale a inversión. Trabajas por dinero, para ellos el dinero trabaja. Tu libertad es sedante, para ellos control. El tiempo libre es evasión, para ellos venderte la evasión. Ellos dicen erotismo, para usted es pornografía. Dices trabajo y significa empleo, para ellos empresa. Para usted la Historia es un dato, para ellos la sagrada ciencia de ocultarte la memoria de los pueblos, la raíz de tu identidad. Dices diccionario, ellos piensan en avisos publicitarios. Piensas en palabras, ellos dicen manual. El arte para ti es ocio, los programadores aplauden, tu exilio de arte para los programadores siempre será el asesinato efectivo de tu creatividad. Piensas en la creatividad, entonces ellos sacan una daga pues la conservación peligra. Te preguntas quien es el programador, ellos te inventan un presidente, un populista, un artista del pop y el desnudo, o tal vez a la ciencia impersonal, como si se hiciera sola. Participas de una elección de gobernantes, para ellos será una selección de un menú propuesto y dirigido.
Tu pobreza conceptual se alimenta de las programaciones mediáticas. Tu amor significa dependencia, para ellos una temible inspiración del pueblo. Tus oraciones y reflexiones son objeto de apodos (nerd, latero, conspirador, loco, fanático), para ellos es un temido encuentro con tu identidad. 
Tu dices familia ellos encuentran tu clave de contacto con esta, tu tierra amerindia, regalo divino y sagrado. Responderán entonces con la palabra individuo, tu clave de contacto con el abandono, con la adicción a las amistades virtuales, al templo individual, a la soledad, a un número, a un excelente esclavo mediático.
Y en lo profundo de nuestro ser siempre hemos sabido que aplazando el placer inmediato lograremos el bienestar duradero. Ellos lo saben, por eso desde el rey corporatócrata hacia abajo, permanece inmutable la cadena del apuro, de la patada en el poto para que todos los siervos se muevan rápido, pues quizás así se confundan y quieran pensar rápido.  Y como pensar rápido significa copiar ideas, estarás siempre jugando en el charco de la pobreza conceptual, ahí donde el filosofo es un opinólogo, ahí donde una balada pop de tres notas es una sinfonía, ahí donde Dios es un rosario y un reloj de dos mil dolares es tu identidad. Ahí donde la vida es lo que parece, nunca lo que es.

Agustín II López
Fotografías invisibles
Santiago. Copyright. Derechos de autor reservados conforme a la ley 17.336 de propiedad intelectual.

Del mall, la venta de vanidades y el cobro del abandono.

Del mall, la venta de vanidades y el cobro del abandono.

Y entenderán que el pronunciar la palabra mall o "centro comercial", puede ser un acto casi profano. Porque ahí, con todas las cosas que puede evocar esa palabra, o cualquier puerta a ese mundo de ilusiones ópticas importadas, habemos muchos que pensamos en demonios. Y es que pensar en un emporio criollo disfrazado de centro comercial norteamericano es una puerta a esas suturas y contradicciones tan recurrentes, e ignoradas a la vez, de nuestra latinoamérica contemporánea. 
Habrán algunos mirando ese coliseo romano desde la "puerta de salida". Son aquellos que ya se bañaron de sus placeres, aquellos que ya conocen la lógica de esa licuadora. Entraron con tarjeta de crédito, salieron con informes comerciales. Entraron a trabajar con la bandera del sueño norteamericano, salieron con úlceras. Entraron con almuerzos en el patio los domingos, salieron con glucamato monosódico hasta por las orejas. Entraron con la pichanguita dominical de padre e hijo en el parque y salieron con la camiseta de Alexis Sánchez en cómodas cuotas. Cuando ingresaron no pensaron que las luces eran solo eso, luces. No se percataron de que ellos no sabían interpretar los colores, ni tampoco de que el payasito Ronald Mc Donald si sabía que colocando el amarillo con el rojo adecuadamente, la ansiedad sería un resultado inevitable, y por ende llegarían a comprar, comer y pagar, en cómodas cuotas muchas veces, con la velocidad de una jauría de machos tras una perra en celo. ¿Les parece coincidencia el nombre de "comida rápida"? ¿Les parece coincidencia que el rojo, verde y amarillo estén en las primeras líneas del metro y en el semáforo? Como diría Carl Jung y también Pablo apóstol, hay que ser cuidadoso de aquello que ingresa por nuestros ojos.
Claro, para todos aquellos que conocieron al diablo porque le dieron la mano, decir ¿vamos al mall? una tarde de Domingo sería como sacarles la madre o encararles un pasado vergonzoso. Son aquellos para los cuales el centro comercial fue una infidelidad, fue un engañar a sus esposas firmando un crédito de consumo mientras se encandilaban con las tetas de una promotora sutilmente escotada. Esa misma infidelidad que los distintos proxenetas de la muerte amerindia conocen desde que se llevaron a Colón arrestado. Es que ellos saben que la vanidad tenía que ser creada, promovida, vendida y cobrada.
 Entonces en el siglo XVI se asentaron como señores muchos que en el viejo mundo habían sido siervos, luego crearon la necesidad de evangelizar con una cruz que era símbolo y espada a la vez, esto para luego poder cobrar la mano de obra del indígena. Sabían esos proxenetas que tarde o temprano el indígena querría sus casonas grandes, sus tierras, sus caballos. Y muchos amerindios no pensaron que el manjar del blanco sería siempre manjar del blanco, y aunque lo probaran, vendieran su alma por él, seguiría siendo del blanco. Porque muchas veces las cosas no son del que las tiene, sino del que las diseña y las vende. Y está también la lógica del te gusta o te gusta, lo necesitas o te mueres. ¿O le seguimos creyendo a aquellos que plantean que una de los mayores genocidios de la historia humana fue una "inadaptación" del indio al progreso? ¿Le seguimos creyendo a ciertos historiadores que dicen que la mayoría de los indios se murieron por enfermedades, alimentos, alergias a la vestimenta o cualquier otra cosa que no sea el morir de cansancio, de hambre, de angustia, de pena? Claro, los proxenetas de los demonios con corona tampoco lo supieron.
Vanidad de vanidades, la lógica de enseñar la necesidad, para vendértela y luego cobrarte hasta el alma. En el siglo XVII fue "integrarse a la economía mundo", enviando al viejo continente lo que realmente se necesitaba para sustentar una cultura, una economía, una sociedad. En las flotas y galones se iba el oro, lo vendían porque así disfrutaban de la tierra y la mano de obra de los verdaderos dueños. En esas mismas flotas y galeones llegaban armas, lujos innecesarios, toda esa necesidad de tener al nuevo europeo nacido en América, que ya no era europeo por el solo hecho de haber nacido en América, anestesiado. En esa tierra cuyos suelos y riquezas eran tan grandes que los proxenetas tuvieron que crear la idea de pobreza, fomentarla y aplicarla. Desde un principio supieron que esa idea pasaba por expropiar la tierra. Y así el alarife de Gamboa cuando trazó la primera ciudad chilena, repartió las tierras en el mismo momento que Pedro de Valdivia fundaba a Santiago.
Y siempre cobraba, ese demonio de la deuda nunca perdona. Porque cobrar siempre fue más importante que la deuda. En el siglo XVI se cobró la oficialidad del amerindio, en el XVII su tierra. 
En el siglo dieciocho el mundo quería cantar la libertad, el burgués comenzó a dar estocadas a los reyes. Y así los reyes se hicieron burgueses con corona, o los burgueses se disfrazaron de reyes. Pero en la nueva América el criollo tenía que independizarse, necesitaba ser dueño de un nombre mayor, de un país. Y ocurrió algo noble, las tierras americanas se emanciparon de los dueños europeos. Y muchas cosas fueron heroicas, fueron en conjunto. Pero en ciertos campos, muchos siervos del terrateniente predijeron lo que pasaría. Por eso en el sur había chilenos apoyando las tropas realistas, tenían miedo de lo que se vendría. Porque el proxeneta perdió la tierra, pero jamas perdería el control. Y los demonios volvieron a dibujar una imagen, ahora llegaron desde Inglaterra y en sus vestiduras no iba la espada, ni siquiera la cruz, iban los prestamos. 
Y como nunca pasa pero siempre es, el diablo iluminó a demonios y proxenetas con una nueva vanidad, una nueva puerta de entrada. Le llamó progreso, ciudad, conocimiento ilustrado. Y por supuesto se cobró, se llevo el salitre, siguió llevándose el oro, el cobre, el tabaco, el cacao, el café. Además había tenido contentos a los criollos más ricos con el funesto bazar que vende el prestigio social (la mayor de las vanidades), y se cobra la libertad. Los conquistadores querían ser adelantados, los colonos añoraban ser oidores o virreyes, luego los presidentes querían ser funcionarios imperiales, hoy los corporatócratas regionales rezan por una invitación al club Bildenberg.
El demonio de la deuda siempre ha cobrado. Tiene puertas coloridas, como los santos del mexicano, con más colores que su panteón azteca. Porque en el México colonial enseñar a Dios era demasiado profundo, mejor era identificar al dios de indígena con un santo del blanco. Presentar lo que es como lo que parece. Aparentarse con más colores, con más vanidades.
 Si bien, no todos entienden al mall como un ícono más de la vanidad que genera deuda, como otro edificio y centro de operaciones de vender al americano la necesidad, o al menos la sensación de que necesitar lo que no necesita. Si bien no todos conocen la misma parte del demonio, algunos por la historia, otros porque trabajaron muchos años ahí y salieron con una vejez embargada de salud y embargada de una pensión decente, otros porque deben hasta el pescuezo, otros porque terminan dejando a sus novias amantes de los centros comerciales por una chica que saber armar una carpa o encender una fogata. Si bien todo lo anterior es una mirada, que necesita ser más profunda, es claro que podemos afirmar: somos muchos los que al oír la palabra mall pensamos en un traficante de sueños, una droga de ilusiones, una adicción que abandona. Porque en algo estamos claros, los amos de los centros comerciales no van a los centros comerciales. Saben que en el final del camino hay abandono, abandono a la familia, individuos que prefieren contraer una deuda de seis meses para saciar su neofilia (otra vanidad creada) con el último modelo celular a revisarse los dientes. Individuos que le dan un diezmo a los amos de la vanidad vendida, que prefieren gastar  en cosas que no necesitan antes de llevarle una torta a su madre un día Domingo. Porque al final el abandono mata. Mató al indio, mata la creatividad, mata a la familia, mata al amor, mata al valor, mata al tiempo y por sobre todo, mata a la memoria.

Agustín II López
Del nuevo orden y su cena con los demonios.
Santiago 2011,Agosto, Copyright Derechos de autor reservados conforme a la ley 17.336 de Propiedad intelectual.

Modelo para desarmar las sesiones.

Modelo para desarmar las sesiones

Quizás lo que no logré decirles en un cierre de sesiones (clases-estudios-pasantías-investigaturas-revisión del olimpo en formato de choclo- análisis del todo en medio de la torre de Babel- Sesiones- Aula- Gentilicio de los postprofetas- Pintura del conocimiento sobre un oleo de elefante azul...) 



Los discursos les quedan bien a los proxenetas del populismo, como réplicas impersonales de una amalgama de palabras que buscan la aceptación de una masa con características ganaderas, son palabras dirigidas a la mismísima necrópolis de la crítica. Los discursos les quedan mejor a los asesinos de la conciencia y la reflexión. Es por eso que sólo escribo, simplemente evoco reflexiones y las exteriorizo.
 De vez en cuando he ingresado a la sala mientras la sinfónica misma de una clase, o sea ustedes, los alumnos, está ausente. En medio de sillas inhóspitas experimento múltiples sensaciones que trato de convertir en reflexiones, en bosquejos descoloridos tras la intrínseca nada. A veces las divagaciones parten de una simple inquietud al silencio, porque aun cuando miles de educadores velaron durante siglos por mantener la verdad lejos del aprendiz, como si la educación se tratara de la reproducción de autoridades escondidas en la certeza, olvidando lo que cientos de culturas entendieron como maestros, la verdad se desnudó y supimos que era la verosimilitud, y entonces se pudo discutir. 
Si, a veces extraño el bullicio, la risa espontánea de la reunión, relevante como el glucamato monosódico en un local de comida rápida, pues la risa es una arteria más en el complejo proceso de aprender. Quizás es en ese punto de mi extrañeza que comprendo cuan importante es la crítica, la risa, la emoción, la cercanía. Otras veces la divagación se enciende gracias a la bujía de aquello que nos parece sublime. Quizás un cuestionamiento respecto de los roles, la experimentación, la convencionalidad y el nirvana de los maestros, aquel que algunos compran en un minimarket onírico, cuando el insomnio los transporta al pensamiento indeseable, cuando Morfeo se quedó bebiendo con las musas y desde nuestras camas se percibe el aliento a cubas libres o sours de todo, suficientes como para embriagar al cansancio. Bueno es desde ahí donde parte este escrito, porque los discursos son para proxenetas de la forma. Pero ya sea en una sala vacía, o atesada de risas, sea en medio de un sueño o la agitada investigación de una temática, lo real es que el aprendiz a veces no existe, menos el maestro. Porque el objetivo de las clases, que en realidad deberían llamarse sesiones, no consiste en enseñar el contenido, más bien se trata de exposición de una forma de ver al recién mencionado y, por sobre todo, de la búsqueda de la forma de aquello que llamo “el prospecto investigador”. Porque la sala es sala, el contenido no pasa más allá de un conjunto de previas investigaciones, el profesor es un expositor, el maestro alguien que jamás admite serlo, el aprendiz un buscador, todas cosas hipócritamente ordenadas en una mesa como canapés y entremeses, resultado de la inmortalización del cocktail a beneficio de la causa genocida de pensadores. Nada es sin la intención, sin la sed de investigación envuelta por el hierro de la reflexión. ¿De que nos serviría estudiar mil veces la revolución francesa memorizando todas sus etapas si no llegamos a la instancia de la investigación? ¿De que sirve recopilar y repetir contenidos sin buscar una interpretación, sin definir cual es el color del cuadro que deseamos mejorar o redefinir? ¿Qué seria de la sala sin un comentario nuevo, sin la interpretación novedosa?
 Los discursos son para los proxenetas de la atrofia crítica.
 Entonces claramente sé que decirles, en vez de desearles lo mejor, un chocolatito navideño o un apretón de manos prometiendo que la vida será dócil y buena con ustedes, me inclino por invitarlos a reflexionar y experimentar. Revuelvan su espíritu y documéntense de las cosas que les digan, no crean en nada hasta que tengan la convicción, la prueba. Como el ateo que se nutre de la ciencia para negar la existencia de dios, como el creyente que experimenta un encuentro cercano con Dios, que vive la fe. Como ellos, como la radiografía de un medico o la ley para un abogado. Documéntense y reflexionen ante las cosas. Cuando les toque demostrar lo que su investigación arrojó, aun cuando se trate de un nuevo menú dominguero, busquen un modo de exponerlo con su toque personal, con su improvisación, con su arte. Esto acompañado de la máxima “darle vuelta al segundo porque la hora se cuida sola” no resultarán una receta, pero al menos los mantendrán equivocándose.
 Deseo firmemente que se equivoquen mil veces, que yerren todos los días pues esto significara que están intentando y que el palo al gato en algún momento se deberá a sus experiencias, no al azar.
 En lo personal me queda también agradecerles por el honor que significó experimentar nuestras sesiones, el ambiente que nació en medio de la búsqueda de un aprendizaje mutuo. Agradezco esos instantes en donde en medio de análisis, de preguntas y respuestas, de acotaciones y conversaciones rellenas de investigación partíamos desde el primer piso y en menos de diez minutos estábamos en el último del rascacielos más alto, quizás muy cerca de los astros. Créanme que esto fue más que un trabajo para mi, fue pasión, fue enamorar a la musa social y acariciarla miles de veces en un parque de caminatas mentalmente posibles. Ni perdón ni olvido, ni perdón a nosotros si algún día nos convertimos en plantas reproducibles, en espíritus amantes de un noticiario memorístico y manipulable; ni olvido a ustedes que una vez más me recordaron que la vida no pasa sin ser, que el 110% de esfuerzo no es un mito. Jamás un olvido a ustedes que me enseñaron más de lo que yo pude obsequiarles, pero ganaron por numero jovenzuelos y jovenzuelas. Era una visión frente a todos ustedes, quizás una fusión en donde ustedes eran maestros y alumnos, en donde éramos simplemente un incidente. Sólo me queda decirles que en donde sea que nos encontremos, donde nos arroje esta fiesta que es la respiración, el andar, la vida misma, donde sea estarán frente a un camarada, un aliado social. Desearía decirles que los llegue a querer pero no se me olvida que los discursos son para los proxenetas del sensacionalismo. Buenas noches totales. 


Agustín II López.
Discurso para el cierre del año académico en Preutech 2009.

Fotografía del amor.

El amor, que sacude a las hormigas que habitan en los témpanos; que desnuda a la ciudad de la ciudad. Ese que al pensarse finito suele sentirse infinito. El amor como represa ante un río que rebosa, como lágrimas felices y alegrías nostálgicas, ese que decide y que a la vez, lentamente, nos elige. El amor, ese que labrado como la tierra americana escupe su fruto tan fácilmente.


Agustín II López.
Fotografías invisibles.
Santiago. Copyright. Derechos de autor reservados conforme a la ley 17.336 de propiedad intelectual.

Supermercados Hipersolución

Supermercados hipersolución

Invitamos a todos los numéricos espíritus de este orbe,
perdón, urbe,
a la inauguración de supermercados hipersolución,
único en su especie,
la distribución de los pasillos no es tema,
colores colapsan su percepción,
aquí hay espacio para toda religión,
sólo si no desordena nuestro lema,
inaudito en su especie,
un nuevo orden en supermercados hiperreduccion,
perdón, solución,
invitamos a todos los disidentes espíritus a este orden.

Encontrará extraordinarias ofertas para su guerra,
perdón, perra,
silencio para hambrientos por la módica suma de dos telenovelas,
lleve dos Messenger 21.0 por el precio de un huno,
y olvídese de los libros, aquí encontrará unicornios de marca japonesa,
en el pasillo 11 dos torres por un golfo de petróleo,
en la sección de africanos lleve silencio al coste de un machete de propolio,
cámaras anticrítico con garantía extendida y un cuarto de milanesa,
lleve una forma al entregarnos el contenido que lo hizo uno,
diccionario de insultos contra musulmanes que comen abuelas,
terroristas sin muelas,
invitamos a todos los reducibles a la supresión de la heterogénea tierra.

La inauguración se efectuara el día en que
usted abandone su pequeño y originario bazar…


Agustín II López.
Del nuevo orden y su cena con los demonios.
Santiago, Copyright Derechos de autor reservados conforme a la ley 17.336 de Propiedad intelectual.

Del mall, la venta de vanidades y el cobro del abandono.

Del mall, la venta de vanidades y el cobro del abandono.

Y entenderán que el pronunciar la palabra mall o "centro comercial", puede ser un acto casi profano. Porque ahí, con todas las cosas que puede evocar esa palabra, o cualquier puerta a ese mundo de ilusiones ópticas importadas, habemos muchos que pensamos en demonios. Y es que pensar en un emporio criollo disfrazado de centro comercial norteamericano es una puerta a esas suturas y contradicciones tan recurrentes, e ignoradas a la vez, de nuestra latinoamérica contemporánea. 
Habrán algunos mirando ese coliseo romano desde la "puerta de salida". Son aquellos que ya se bañaron de sus placeres, aquellos que ya conocen la lógica de esa licuadora. Entraron con tarjeta de crédito, salieron con informes comerciales. Entraron a trabajar con la bandera del sueño norteamericano, salieron con úlceras. Entraron con almuerzos en el patio los domingos, salieron con glucamato monosódico hasta por las orejas. Entraron con la pichanguita dominical de padre e hijo en el parque y salieron con la camiseta de Alexis Sánchez en cómodas cuotas. Cuando ingresaron no pensaron que las luces eran solo eso, luces. No se percataron de que ellos no sabían interpretar los colores, ni tampoco de que el payasito Ronald Mc Donald si sabía que colocando el amarillo con el rojo adecuadamente la ansiedad sería un resultado inevitable, y por ende llegarían a comprar, comer y pagar, en cómodas cuotas muchas veces, con la velocidad de una jauría de machos tras una perra en celo. ¿Les parece coincidencia el nombre de "comida rápida"? ¿Les parece coincidencia que el rojo, verde y amarillo estén en las primeras líneas del metro y en el semáforo? Como diría Carl Jung y también Pablo apóstol, hay que ser cuidadoso de aquello que ingresa por nuestros ojos.
Claro, para todos aquellos que conocieron al diablo porque le dieron la mano, decir ¿vamos al mall? una tarde de Domingo sería como sacarles la madre o encararles un pasado vergonzoso. Son aquellos para los cuales el centro comercial fue una infidelidad, fue un engañar a sus esposas firmando un crédito de consumo mientras se encandilaban con las tetas de una promotora sutilmente escotada. Esa misma infidelidad que los distintos proxenetas de la muerte amerindia conocen desde que se llevaron a Colón arrestado. Es que ellos saben que la vanidad tenía que ser creada, promovida, vendida y cobrada.
 Entonces en el siglo XVI se asentaron como señores muchos que en el viejo mundo habían sido siervos, luego crearon la necesidad de evangelizar con una cruz que era símbolo y espada a la vez, para poder cobrar la mano de obra del indígena. Sabían esos proxenetas que tarde o temprano el indígena querría sus casonas grandes, sus tierras, sus caballos. Y muchos amerindios no pensaron que el manjar del blanco sería siempre manjar del blanco, y aunque lo probaran, vendieran su alma por él, seguiría siendo del blanco. Porque muchas veces las cosas no son del que las tiene, sino del que las diseña y las vende. Y está también la lógica del te gusta o te gusta, lo necesitas o te mueres. ¿O le seguimos creyendo a aquellos que plantean que una de los mayores genocidios de la historia humana fue una "inadaptación" del indio al progreso? ¿Le seguimos creyendo a ciertos historiadores que dicen que la mayoría de los indios se murieron por enfermedades, alimentos, alergias a la vestimenta o cualquier otra cosa que no sea el morir de cansancio, de hambre, de angustia, de pena? Claro, los proxenetas de los demonios con corona tampoco lo supieron.
Vanidad de vanidades, la lógica de enseñar la necesidad, para vendértela y luego cobrarte hasta el alma. En el siglo XVII fue "integrarse a la economía mundo", enviando al viejo continente lo que realmente se necesitaba para sustentar una cultura, una economía, una sociedad. En las flotas y galones se iba el oro, lo vendían disfrutaban de la tierra y la mano de obra de los verdaderos dueños. En esas mismas flotas y galeones llegaban armas, lujos innecesarios, toda esa necesidad de tener al nuevo europeo nacido en américa, que ya no era europeo por el solo hecho de haber nacido en América, en esa tierra cuyos suelos y riquezas eran tan inmensas que los proxenetas tuvieron que crear la idea de pobreza, fomentarla y aplicarla. Desde un principio supieron que esa idea pasaba por expropiar la tierra. Y así el alarife de Gamboa cuando trazó la primera ciudad chilena, repartió las tierras en el mismo momento que Pedro de Valdivia fundaba a Santiago.
Y siempre cobraba, ese demonio de la deuda nunca perdona. Porque cobrar siempre fue más importante que la deuda. En el siglo XVI se cobró la oficialidad del amerindio, en el XVII su tierra. 
En el dieciocho el mundo quería cantar la libertad, el burgués comenzó a dar estocadas a los reyes. Y así los reyes se hicieron burgueses con corona, o los burgueses se disfrazaron de reyes. Pero en la nueva América el criollo tenía que independizarse, necesitaba ser dueño de un nombre mayor, de un país. Y ocurrió algo noble, las tierras americanas se emanciparon de los dueños europeos. Y muchas cosas fueron heroicas, fueron en conjunto. Pero en ciertos campos muchos siervos del terrateniente predijeron lo que pasaría, por eso en el sur había chilenos apoyando las tropas realistas, tenían miedo de lo que se vendría. Porque el proxeneta perdió la tierra, pero jamas perdería el control. Y los demonios volvieron a dibujar una imagen, ahora llegaron desde Inglaterra y en sus vestiduras no iba la espada, ni siquiera la cruz, iban los prestamos. 
Y como nunca pasa pero siempre es, el diablo ilumino a demonios y proxenetas con una nueva vanidad, una nueva puerta de entrada. Le llamó progreso, ciudad, conocimiento ilustrado. Y por supuesto se cobró, se llevo el salitre, siguió llevándose el oro, el cobre, el tabaco, el cacao, el café. Además había tenido contentos a los criollos más ricos con el funesto bazar que vende e prestigio social, la mayor de las vanidades, y se cobra la libertad. Los conquistadores querían ser adelantados, los colonos añoraban ser oidores o virreyes, luego los presidentes querían ser funcionarios imperiales.
El demonio de la deuda siempre ha cobrado. Tiene puertas coloridas, como los santos del mexicano con más colores que su panteón azteca. Porqué enseñar a Dios era demasiado profundo, mejor era identificar al dios de indígena con un santo del blanco. Presentar lo que es como lo que parece. Aparentarse con más colores, con más vanidades.
 Si bien, no todos entienden al mall como un icono más de la vanidad que genera deuda, como otro edificio y centro de operaciones de vender al americano la necesidad, o al menos la sensación de que necesitar lo que no necesita. Si bien no todos conocen la misma parte del demonio, algunos por la historia, otros porque trabajaron muchos años ahí y salieron con una vejez embargada de salud y embargada de una pensión decente, otros porque deben hasta el pescuezo, otros porque terminan dejando a sus novias amantes de los centros comerciales por una chica que saber armar una carpa o encender una fogata. Si bien todo lo anterior es una mirada, que necesita ser más profunda, es claro que podemos afirmar: somos muchos los que al oír la palabra mall pensamos en un traficante de sueños, una droga de ilusiones, una adicción que abandona. Porque en algo estamos claros, los amos de los centros comerciales no van a los centros comerciales. Saben que en el final del camino hay abandono, abandono a la familia, individuos que prefieren contraer una deuda de seis meses para saciar su neofilia (otra vanidad creada) con el último modelo celulara revisarse los dientes. Individuos que le dan un diezmo a los amos de la vanidad vendida, que prefieren gastar  en cosas que no necesitan antes de llevarle una torta a su madre un día Domingo. Porque al final el abandono mata. Mató al indio, mata la creatividad, mata a la familia, mata al amor, mata al valor, mata al tiempo y por sobre todo, mata a la memoria.

Agustín II López
Del nuevo orden y su cena con los demonios.
Santiago 2011,Agosto, Copyright Derechos de autor reservados conforme a la ley 17.336 de Propiedad intelectual.